Uno cuando es chico sueña. Sueña con ser un héroe. Tiene en sus genes el deseo de serlo. El hombre es un guerrero. Es una maquina de luchar. Todo en la vida es una pelea. Una guerra. Por desgracia para el mismo hombre. Lo peor nace de nosotros cuando peleamos. Se puede ver. En un partido de fútbol, hasta una guerra mundial.
Pero ahora me voy a enfocar en lo anterior. Un partido de fútbol. Algo más pequeño que un partido de fútbol. Aunque más grande. Para muchos, es más que grande. Es gigante. Pero si sigo así me voy de tema. Y no hago referencia a lo que intento explicar acá. Volvamos a lo primero, los deseos de ser héroe. El sueño de todo niño es salvar el mundo. O ser alguien el cual el mundo recuerde. Al crecer uno va perdiendo eso. Y se resigna a nada más ser el que vea a héroe. Aquel que sea testigo de sus hazañas. De sus proezas y de sus fracasos. El que cuente la leyenda a las próximas generaciones. Porque ningún héroe seria héroe, sino luchara por alguien. Si no tuviera alguien a quien defender. En este caso, miles. Miles y miles.
No voy a hacer referencia a la vida de este héroe. O "Súper Héroe" como lo llaman muchos. Voy a hacer referencia a ciertas acciones específicas. A unos quince o veinte segundos. En los cual se gana la inmortalidad. Segundos suficientes para que todo lo anterior, todas las campañas pasadas sean parte de esos segundos. Para que se cuelgue por fin de los cielos rojos y blancos. Para que la tribuna explote con el gol más hermoso que el marco. Y que el record del héroe pasado ya no sea record. Eso y mucho más.
Voy a hacer referencia, especialmente de lo que significa para mí. Para muchos otros. Para miles de personas más. Y eso basta. Porque cuando uno es chico y ve a esos héroes, sacrificarse por el mundo empieza a ser un hombre. Un hombre de bien. Empieza a entender lo que está bien y lo que está mal.
Hubo muchos, cuenta mi viejo y mi abuelo. Me comentan de Atilio, el que tenía el record. De uno al que le decían "Peludo". A otro el "Pampa". Y la grandeza con las cuales me relatan sobre ellos me hace creer que fueron verdaderas bestias. De seguro lo fueron. Pero para ser sincero, yo no los vi. Yo no fui testigo de sus actos. De sus proezas. Aunque los respeto. Como las leyendas que son. Pero la cuestión es que para mí, mi héroe es diferente. Tal vez su habilidades sean las mismas. Pero para mí es el más grande. Y me animo a decirlo. Es el más grande de nuestra historia. Pero, todavía falta. Todavía no llego a su cúspide. A su punto de mayor gloria con la de "El Gallito". Aun le falta algo que él, tanto como nosotros nos merecemos. Y empecemos a recordar.
El día más trágico que viví, aclaro que eh vivido hasta ahora, es aquel fatídico sábado tercero de junio. El día en el que no hubo defensa y mucho menos justicia. Todo lo que ese año fue el fútbol para mí, se murió ese día. El quedarnos con la hazaña en la puerta del cielo y de la gloria. El día que más llore. Insulte, odie a todo. Despreciaba tanto al fútbol y la injusticias que este tiene. Deje todo por la mitad. ¿El mundial? ¡Que se lo metan ya saben donde al mundial! Pero más dolió por el esfuerzo de nuestros guerreros. Más por el de él. Sus dos goles, de los cuales uno fue un golazo desde treinta metros, no alcanzo. Todavía recuerdo verlo salir llorando de la cancha. Y ahí me di cuenta. Eso era solo el principio, el vino al oeste, para hacer algo grande.
Ahora tiempo después, va a empezar su camino a la gloria. Como todo Gallo, va a empezar a cantar. Y sale un pelotazo largo que cae casi cerca de la media luna del área. Y el ya comenzó a lanzarse a la carrera. Son dos los que lo marcan. Pero aunque hubiesen sido cinco, no hubieran podido hacer nada. Porque ya se le ve en la mirada. Ya lo tiene decidido. El ya presiente el trote de los defensores. Siente el canto de la hinchada. Escucha los tapones de los rivales pisar el césped del Urbano. La bocha va cayendo llovida. A un velocidad importante. Mientras los defensas se acercan, el solo puede tocarla con la punta del botín para matar un poco el pique. Cuando el esférico hace contacto con el suelo verde, este lo levanta con el botín. Ahí ya paso el primero de los defensores. El restante se le viene al humo por la espalda. Al frente, el arquero mira y sale a achicarlo. Más de fondo la hinchada expectante, esperando para poder explotar las gargantas. Yo levantándome para poder ver mejor. Abriendo los ojos grandes como un dos de oro. El segundo defensor pasa como colectivo lleno, mientras él la va controlando con la rodilla, haciendo jueguitos. Levanta la cabeza, ahora tiene a los tres de frente. El arquero y los dos defensores. Con un segundo rodillazo, acomoda la bocha. Para terminar levantándola por encima de todos. Para verla caer suavecita contra la red. Y la hinchada que explota. ¡Es un golazo! ¡Más que un golazo! ¡Es un terrible pedazo de gol! ¡Es su mejor gol! Y sale corriendo hacia el alambre. Donde la gente ya empieza a reconocer la gloria que esta venidera. Y se besa la camiseta. Se besa el gallito.
Pero falta. Porque todavía no termino. Ya se gano el titulo de héroe. Pero todavía tiene muchas batallas que ganar. Todavía tiene dos misiones más que superar. Está a punto de ser el más grande. Y es aquel veinticinco de octubre del dos mil ocho que se acerca más a la gloria. Y esta tan seguro que lleva una casaca con el numero sesentaisiete en la espalda. Porque nace de un bombazo bien cruzado al ángulo, el gol que hizo destruye el récord. Y de nuevo ¡Que pedazo de gol!
Y por fin llegamos a este final provisorio. Y ahora si va por lo grande. Ya se gano el cariño de la gente. Ya rompió el récord Ya es el más artillero de nuestra historia. Aunque falta. Faltan dos para los cien. Pero el tipo es vivo. ¡Es un fenómeno! no eligió cualquier día para marcarlos. No. Va y elige un día tan especial para todos. El día de las mil batallas. El día de la historia. Justo en un año tan importante. Nuestro último año en nuestra antigua casa. Y así empezamos. Fiesta en todas las esquinas. El colorido, las banderas, los globos. La pasión. Nuestro pequeño momento para olvidarnos de todo. Esos noventa minutos en los que podemos ser los hombres más felices del universo. Esos noventa minutos de amor en el más puro estado. Porque un hombre puede engañar a otro. Puede enojarse. Puede putear a los gritos y a los mil infiernos. Pero si hay algo que no puede hacer, es dejar de ser hincha. Mostrarle al mundo entero que su amor es el más grande. Que su amor es el más grande porque en la cancha tiene a un tipo que vino a hacer historia. Y aunque eso sea muy pequeño a los ojos del mundo. Es lo más grande para mí. Y para miles de personas. A mi no me vengan con Barcelona, Real Madrid. Esos juegan por plata. ¡Acá se juega por amor! ¡Y yo soy hincha del Gallo! ¡Yo soy enfermo del Gallo! Y ahí viene el, viene entrando al área para anotar el numero noventa y nueve.
Y después de cabeza entrar para siempre a la inmortalidad. Para que los ojos se nos llenen de lágrimas. Para ver la pelota entrar una vez, dos veces, diez veces, ciento de veces contra la red. Para romperme la garganta y no me importe nada. Para gritar el triunfo número cien de mi héroe. ¡De el más grande que yo haya visto jamás! La hinchada gritando desaforada en un intento de hacerle sentir lo que él nos hace sentir a nosotros. Y mi héroe salvando el día. Una vez más. Luchando por amor. Por amor a la gloriosa roja y blanca. Y el mundo quedando tan pequeño. El fútbol que tanto odie ese junio maldito, ahora nos da la revancha. Nos llena de alegría. Y él, más grande que nunca, humillando arqueros, rompiendo gargantas y palmas para aplaudirlo. Y los relatores desarmándose por elogiarlo. Y yo tratando de retomar el aire que perdí en gritar ese gol. Ese gol que representa el amor, el esfuerzo y las ganas de entrar en la eternidad. Ese gol que significa un tatuaje permanente en las mentes y en los corazones. Ese gol, para mí, y para miles más.
Ole ole ole ole, Damian, Damian
Ole ole ole ole, Damian, Damian
Para Damian Emilio Akerman, gracias por tantas alegrías. Todo el pueblo Moronence.

Excelente Cachi! Me gustó mucho... Ahora falta uno para el Urbano.
ResponderEliminarSaludos y Aguante el Gallito!
Pablo
Muchas gracias! si en cualquier momento lo pienso y lo comienzo a escribir. Muchas gracias por comentar.
EliminarUn abrazo y guante el Gallo!
Comparto el sentimiento..
ResponderEliminarhttp://venegas.com.ar/akerman/
Muchas gracias che! pase por la pagina! muy buena! gracias por comentar! un abrazo y aguante el Gallo!
EliminarExcelente texto! Refleja a la perfección el amor por Morón y el agradecimiento para con Damián que tenemos todos los hinchas. Te felicito por estas líneas y creo que emociona hasta los que no sean del Gallo.
ResponderEliminarNuevamente felicitaciones y me adhiero a lo propuesto por Pablo Grana, restaría uno para el Urbano. Ahí creo que la emoción sería mucho mayor por todo lo que implica nuestra cancha en la historia personal de cada uno de nosotros.
Muchas gracias! Me alegra que les haya gustado! En cualquier momento arranco con el del Urbano. muchas gracias por comentar! Un abrazo y aguante el Gallo!
EliminarCachi.. necesitaría hablar con vos, si es posible. Soy Lucas Gambino, productor y co-conductor de "El gallo va a volver", que va por AM 840, ahora los viernes de 21 a 23. Necesitaría un número tuyo, el facebook o algo para poder charlar con vos. Te mando un abrazo y espero que veas esto
ResponderEliminar¡¡¡Muy bueno!!!! felicitaciones y a seguir escribiendo.
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