¿Cuánto tiempo puede
pasar hasta que uno lo olvida todo? ¿Cuánto tiempo puede pasar hasta que uno lo
recuerda? ¿Es el tiempo que vivimos, igual al tiempo en el que soñamos? Parece
mentira, pero la mente humana tiene un poder más sorprendente del que todos
podemos imaginar. Es tan grande, que muchas veces, este mundo le queda pequeño.
Entonces se toma la libertad de escaparse más allá. Más allá de los recuerdos,
de los sueños, de los miedos y los amores. Es increíble todo el tiempo que lo
tuve olvidado. Es increíble todo el tiempo que tarde en recordarlo. Es
increíble todo el tiempo que paso, y creo no haber roto la promesa que le hice
en secreto, en secreto incluso de mí. Porque ahora recuerdo la razón por la
cual casi no llego a esa final tan importante para mí. Recuerdo exactamente el
porqué de pasar esa tarde entera bajo la lluvia en la popular solo con el frió
y el llanto. Recuerdo exactamente la razón por la cual vivía en esos días.
Recuerdo la razón verdadera de porque ella hacia lo que hacía. De porque, yo a
pesar de todo, seguía intentando.
(…)Y llego el momento. Las
razones sobran. El mundo está de mi lado. Los sueños ahora exponen todo lo que
escondían. Nunca me di cuenta, hasta ahora. Ahora que me veo haciendo el
recorrido de hace veinte años. Ahora que voy a cruzarte para toda la eternidad.
Y ahí voy, con la mirada firme en el horizonte. El paso sostenido con el
movimiento de los brazos. Casi abortado del mundo real. Seguro, feliz y
nervioso. Con miedo como la primera vez. Con toda mi ensalada de sentimientos
revividos en el tiempo. Pero con la certeza de que ahora te voy a cantar todas.
Ni una más, ni una menos. Todas. Y de que todas van a ser suficientes.
Mejor tarde que nunca,
afirma la popular frase. Es exactamente así. Ahora son unos veinte años tarde.
A pesar del tiempo, acá estoy, acá estas vos. El momento exacto en el que todo
llego a su fin, definitivo, provisorio. En aquellos días, yo no hubiera tenido
el valor para encararla. Es más, no lo tuve. Simplemente me decidí a ceder. A
portarme como un cobarde. A decepcionarla. Ahora es todo igual a aquel momento.
Un mes de julio bastante caluroso para la época. Ese color amarillo que da el
sol al mediodía, especialmente a las doce y cuarenta del mediodía. El sonido
del tren haciendo sonar los rieles y los durmientes. El bullicio de los adolescentes
saliendo del colegio, de los colectivos y los coches. El polvo que se levantaba
entonces en la calle de tierra. Los detalles vuelven a mí, me llueven de la
memoria. La única diferencia, es que ahora tengo cuarenta años, y la vida me
arrastro hasta acá. No tengo nada que perder. Solo tengo una misión que
cumplir. El sueño comenzó a correr su ciclo definitivo, único y especial.
Mientras ella se acercaba abriéndose paso entre toda la gente, sin querer ver,
pero viendo. Yo me despegaba de la pared de la esquina y la cortaba al paso.
Entonces:
-¿Por
qué volviste? Vos
sabes tan bien como yo, que esto es un sueño. Ahora son unos veinte años tarde
para que las cosas funcionen. Esto es falso, es solo un producto de tus deseos.
Y de los míos. Nada va a cambiar cuando despiertes.
Parecía como que yo no
era el único ubicado en cierto tiempo y espacio. Ella me corto al paso. Con la
madurez de una mujer vivida. Su hablar me paralizo. Yo sabía lo que estaba
buscando. Pero no sabía, ni imaginaba que ella entraría de esa manera. Era ella
definitivamente. Y ninguno de los dos estábamos en el tiempo que estábamos.
-
Puede que así sea. Pero yo, volví, porque tengo una misión. Más allá de todos
los años que nos fueron pasando por encima y mas allá de la vida misma. Decidí
volver para esto, justo acá, en el preciso momento en el que la vida decidió
separarnos. Para que cada uno cumpliera su misión. Porque necesitaba saber si
vos, si vos con toda tu aura. Con todo lo que te envolvía, y todo lo que
sentías. Y la bronca de saber que por más vida que nos tragara, vos estarías
acá. Esperándome.
-Bueno
sí, yo estoy acá esperándote. Como todos esos nefastos años de nuestra gloria.
Y yo estoy acá, porque sabía, que vos, tan humilde y tonto como siempre, algún
día volverías a buscarme. De una manera u otra.
En ese momento, afloje
una sonrisa de triunfo. Aunque dude un momento. ¿Me había esperado de verdad?
¿O solo me seguía la corriente? De todas maneras ya estaba jugado. Baje la cabeza lo suficiente como para que
pudiera ver la lágrima que pedía permiso para correr por mi mejilla.
-Lo
que pasa es que… Continúo ella
Se formo un silencio
absoluto a nuestro alrededor. Yo la miraba y me sonreía mientras ella se
confesaba. Tantos años esperando por oírlo de sus labios, y ahora, como si
tuviera dieciséis años, me pierdo en su mirada. Y no logro prestarle atención
por completo.
Y me dijo todo. Es increíble el poder de sus
sentimientos. Tantos años guardándolos. Como desde un principio. Tantos años torturándome Solo que ahora decidió escupirme todo, con esa rabia digna de la
mujer perfecta. En ese momento mi misión había llegado a su fin.
- Gracias. – Le dije.
-
¿Gracias? ¿Por qué?- Retruco ella.
-
Porque, ahora se, que todos esos años los viví y los sufrí por una sola causa.
Porque cuando despierte, nada va a cambiar, allá estas vos, y acá yo. Como el
mundo nos programo y nos definió. Pero ahora todo cierra. Que me amaste tanto,
que me dejaste ir. Y que yo te ame tanto, que no podía contra tus deseos. Y que
todo ese amor que teníamos, es esto. Es nuestro presente perfecto. Vos por tu
lado, y yo por el mío. Pero, nuestro amor acá. En el tiempo justo y perfecto.
En el cual necesitábamos algo. Necesitábamos hacernos felices. Sin importar el
precio. Porque el poder de la mente es grande. Pero el poder de tus deseos, es
más grande aun.
Por
eso volví, porque necesitaba cumplir tus deseos. Más allá del tiempo. Más allá
de este sueño, necesitaba saber que vos estarías ahí, para hacerme feliz. Que
vos, lo sabías tan bien como yo. Necesitaba volver al punto exacto en el que
dejamos de ser infelices. Para decirte que me hiciste feliz, y para probar que
vos también lo sos.
Ella me miro, pero fue
más que eso. En sus ojos corrían una furia silenciosa. Un temor paralizante. Vi
en sus ojos la bronca que me tenía. La bronca de saber que solo yo, y nadie más
que yo la podía entender y amar de esa brutal forma. Me tomo la mano y me hizo
cruzar la calle, nunca el corazón me latió tan fuerte. Sentí como si quisiera
saltar de mi boca a sus brazos.
Llegamos a la otra
vereda, esa que algunas ves supo tener un kiosco con una persiana verde y un
toldo. Me miro con su rostro joven, hermoso. Esos labios suaves y delicados. La
profundidad de su mirada casi me ahoga en un llanto de felicidad. Incluso el
sol que le pegaba de costado, dándole esa sombra que la hacía perfecta. Y me
dijo:
-“Soy feliz, gracias a vos. Esto es solo un
sueño, tu sueño. Pero créeme, yo también lo siento tan real como vos. Al
parecer mis deseos no eran tan fuertes como los tuyos. Ahora, despertate.”
El suelo comenzó a
temblar, el cielo se pasaba de un azul brillante de primavera a un gris de
invierno asesino. El ruido que me obligo a taparme los oídos, de repente se
volvió silencio. La vi sonreírme y darse vuelta. El mundo entero se reducía a
su paso, a su adiós definitivo, pero hermosos. La vida, la eternidad, los sueños
y la memoria volviendo al punto justo de donde las cosas nunca debieron haberse
movido. Enterrándome para siempre en ese sueño, en el sueño cumplido. En saber
que no todo fue en vano. Entiendo la mente y los deseos, y los sueños y todo lo
acontecido durante estos veinte años.
Cuando abrí los ojos,
la vi a Noelia, con su sonrisa brillante, opacando la luz que se filtraba por
la persiana. Le agradecí a dios por ponerla a mi lado. Y la rutina comienza su
ciclo otra vez. Solo que ahora, yo podía entender todo. Entender mis razones.
Entender sus razones. Y podía solamente dedicarme a vivir. No como un profesor
o un esposo atado a la rutina. Sino como un hombre libre. Un hombre que cumplió
sus sueños, y que logro amarla y dejarla ir.
-Decir
que ahora, después de ese sueño, la volví a encontrar, ya es mucho. Porque
parece que todo sale redondo. Aparte es muy difícil de creer. Si no la cruce
nunca en vente años, ¿por qué ahora? justo después de esto. Es mucho hasta para
mí. Es mucho decir que en sus ojos vi eso, eso tan hermoso que tenía en el
sueño. Ese brillo, esa pureza. La verdad que sí, es mucho. Pero después de
tanto dar vueltas con mi cabeza, comienzo a dudar. De que haya sido un sueño.
Tal vez ni ella ni yo existimos nunca. Y somos solo dos personajes inventados
por alguien. Vaya uno a saber. O, tal vez todo fue más real de lo que yo nunca
soñé.