Ya esta, ya estoy
convencido. Las cosas que empiezan como un juego, terminan siendo algo grande.
Ya sean un equipo de futbol, un cuento o una mina que conoces por casualidad.
Lo que fuese. Podríamos decir que esta no es otra historia de amor, podríamos
decir que es más que eso. Es una historia de cómo un chico, bueno, un desastre
de chico, va creciendo, avanzando. A veces poco, pero siempre tratando de
avanzar. Porque la vida una ves le abrió una puerta. Y no podría haberla dejado
pasar. La historia de cómo un vago hincha de morón, conquista a una princesa.
Algo que por cierto, no le fue fácil. Para nada.
Todo empezó una
madrugada de miércoles, por mediados de octubre. El se levantaba tipo seis de
la mañana. Para ir a buscar algo, su sueño. El de poder defender la camiseta
que tanto amaba. Ella, seguramente se estaba levantando para ir a la escuela.
El sabia que ese día, seria fundamental. Pero algo, un presentimiento, le decía
que no era por lo que esperaba. El partido que tendría que jugar, no seria
precisamente en una cancha de futbol. La mañana y parte del mediodía
transcurrió normalmente. Pero no como el
esperaba. La vuelta no fue la deseada. Lastimado, cansado, con un ojo morado.
Con las manos vacías. Pero cuando la
vida te cierra una puerta, abre otra. ¿Quién podría imaginar que no poder
concretar su sueño cambiaría de modo positivo su vida?. Por hacerle caso a un
amigo de ir al gimnasio. El encontraría a alguien. Que sin saberlo, a futuro,
seria lo mas importante que tendría. Lo más hermoso que le pasaría. La que lo
cambiaría para siempre.
Las cosas que empiezan
como un juego, terminan siendo algo grande. Seamos sinceros, el la busco al
principio, porque la quería para un momento. Por suerte, el siempre tubo una
especia de habilidad. Una especie de don. Una especia de maldición. Que le
permitía ver mas halla. Que le permitía entender lo complicado. Que le permitía
ver lo que otros no vieron, lo que solo el podía ver. El tiempo siguió
corriendo y esto se fue haciendo mas profundo. Se fue agudizando. Perfil bajo y
más laburo. Porque el, para ella, prácticamente no existía. Era uno más del
montón. Entonces llego un momento. El momento en el que el presentimiento de
ver mas de lo que se podía ver más en ella, fue muy pesado. Y se quiso hacer
escuchar. Ese día, cuando ella dijo por primera ves “te quiero”. El comenzó a
existir en su tan perfecto y hermosos mundo. Fue el momento clave. El primer
paso estaba dado. Y ambos lo dieron prácticamente al mismo tiempo. Ahora era
cuestión de ver como se darían las cosas. No seria tan así. Las cosas no
pasarían solas. Habría que buscarlas. Y no seria fácil. Ya que seria el mas
difícil de todos los partidos. Lejos, muy lejos.
Retomemos de donde nos
habíamos quedado. El primer te quiero. Fue muy lindo. Pero traería ciertas
complicaciones. Ya que no era el mismo te quiero que el sentía al que ella
sentía. O por lo menos eso creía. La cosa fue que para ese entonces, el ya
había “sumado muchos puntos”. Sin saber como lo había hecho. Lo único de que estaba
seguro, era de solo fue si mismo. Se mostró como era. Un desastre. Un vago
hincha de morón. Degustante de música fuerte y quilombera. Mal hablado y
entupido. Pero siempre escuchando y
respetándola. Pero sobre todo, queriéndola cada día un poco más. Ella, una
princesa. Simplemente una princesa. Dulce, inteligente, hermosa. Perfecta,
increíblemente hermosa. ¿ Ya les dije que era hermosa?. Una hermosa chica,
alta, de pelo negro arrulado. De un caminar deslumbrante. Un cuerpo que te
invita al pecado, dios mío. Y unos ojos marrones, unos profundos ojos marrones.
Que te inducen una mirada que te hace temblar las piernas. Y que el corazón te
latiera a una velocidad sobrehumana.
Pero como dije antes.
Las cosas no serian fáciles. Y por las boludeces que el hacia, seguro que fue
por eso, ella comenzó a dudar. Ante su duda, el se veía frustrado, asustado e
inseguro. Pero el ya estaba convencido. Seria ella lo que lo salvaría. La que
lo haría crecer. Era ella la razón por la cual estaba jugando este partido. Y a
esa altura no podía ser el él que se rajara. Para peor, no era el único que
estaba peliando. Tal vez fue él que mejor hizo las cosas. Pero a ella, unos
cuantos se la marcaban de cerca. Para colmo, su pasado a ella la condenaba. Lo
único que le faltaba. Ella tiene un “Némesis”. Para hacerle todo más fácil.
Graciosa y puta ironía. Pero la decisión ya estaba tomada. Debería seguir
laburando. Cada vez más duro, más complejo, más profundo. No había tiempo para
perder. Mucho menos tiempo que perder en si mismo. Lo que importante acá, era
ella.
Tal vez siempre supo
que ella no estaba preparada. Porque a esa altura del partido, el ya estaba
convencido de que fue diferente a los demás. Y creía que eso a ella la
asustaba. Y fue lo que paso entonces. Una frase. Que estaba prohibida. Y que
bien sabía que todavía no se podía decir. El sentimiento fue más fuerte. Se
dejo llevar por el hermoso sueño que estaba viviendo. La voz de ella, el
momento, la presión, el miedo, la frustración, la tristeza. Cuando se dio
cuanta de que ella no sentía lo mismo. Que todo eso fue nada más que un simple
juego. ¿Corazón para que te quiero? Si lo único que haces es doler. La noche
paso lenta, fría y solitaria. Reprochándose a si mismo que había cometido un
error. Preguntado donde estaban sus lágrimas. Parado en el medio de una pelea
entre su corazón y su mente. Sin poder dar crédito a lo que le pasaba. Sin
poder creer, pero creyendo. De que todo eso, era suplemente amor. Ahora mucho
menos podía rendirse. Perfil bajo y más laburo. Fue un golpe, nada más. Lo que
no mata, fortalece.
Ahora aparte de
quererla, la necesitaba. Y se dispuso a seguir jugando. Porque esto todavía no
termino. No, todavía el no puso todo en la cancha. Y no queda otra que seguir
remando. Porque cada día, cada día era muy largo sin ella. Porque cada día el
se convencía mas. Porque cada día el se sentía mas cerca, y al mismo tiempo mas
lejos. Porque cada día, la quería un poco mas. Siguió peleando, ella se
disponía a dejarse jugar. El tiempo seguía corriendo. Las cosas se hacían cada
vez mas claras. Al mismo tiempo mas complicadas. El “te quiero” fue entonces un
“te quiero mucho”. Después un “te quiero mucho mucho”. El fue un ingenuo por
creer. Un fenómeno por lograr que ella sintiera y expresara eso. Ese
sentimiento dentro de el se hacia más grande. Más fuerte. Poco a poco se fue apoderando de su mente. De
su corazón y su alma. Nada más le importa. Nada más que poder tenerla. Para
cuidarla, para entregarle todo. Todo lo que tenía y más. Para respetarla, para
quererla mucho. Muchísimo. Como nadie
nunca nadie la había querido. Ella poco a poco fue aceptando esa idea. Pero el
sentimiento es más fuerte que la carne. Un error, un mal entendido. Por culpa
de lo que el sentía. Y el miedo que le empezó a sentir de a poco. Lo hizo cometer
un error. Y por eso, el recibió un golpe. El que más le dolió de todos los que
ella le dio. Y esa noche, todo se torno negro. Era otra noche como aquella.
Otro error, que esta vez fue muy grabe. Y
el lo entendió así. Y comprendió que la había perdido.
Todo el trabajo, todo
el sacrificio. Los sentimientos, el amor que alguna vez existió entre ellos
dos. Los infinitos te quiero mucho, todo su mundo reducido a la nada. A
quedarse con las manos vacías, con el alma vacía. El increíble espacio que ella
ocupaba se había convertido en nada. El mirar el techo con los ojos llenos de
lágrimas, pero sin llorar. El sentirse impotente, lastimado. El buscar dentro
de si mismo una explicación a lo que su corazón ni su lógica podían explicar.
La mortal sensación de ver como todo se caía. De ver como ella se marchaba y el
no poder hacer nada.
Por primera vez, el
había comprendido lo que era extrañar a una mujer. Ahora ya sin motivo era hora
de sentarse a pensar en una manera de recuperarla. Pero todo se veía difícil. Las
ideas no salían como debían hacerlo. No había valor para llamar, porque tal
ves, oír su voz fuera el punto de quiebre. O tal vez ella nunca contestaría esa
llamada. Para peor, un pequeño problema que complicaría mas las cosas. Lo único
que le faltaba era que su pasado, su “Némesis” estuviese ahí para complicar
todo. Pero el reacciono con firmeza. Con seguridad de si mismo. Y ese fue el
motivo. Lo que lo impulso. Lo que le dio fuerza otra vez. Porque las
casualidades siempre fueron una opción entre ellos dos. Y fue cuando la excusa
de necesitar una ayuda volvió a poner las cosas en su lugar. Como nunca
debieron dejar de estar. Por fin el la había recuperado. Después de varios días
de sentirse como la peor basura. Y que mejor premio que escuchar un “te extrañe
mucho” por parte de ella.
De su dulce voz. Esa
voz que siempre lo lleno de paz, de tranquilidad. Eso que algunos llaman
“felicidad”.
Un problema
solucionado. Ahora solamente quedaba seguir jugando.¿ Y quien me puede decir
algo mas lindo que jugar en la lluvia?.
Esto lo entenderá solamente ella. Porque ese día fue calve. Porque ese fue el
día en el que el te quiero tomo un rumbo diferente. Comenzó a significar mucho
más. Pero, siempre hay un pero, las cosas parecen que mientras más se aclaraban
mas se complicaban. A esa altura el ya lo veía imposible. Pero sabía que había
llegado muy lejos para rendirse. Y por mas que intentara no podría rendirse.
Pero de nuevo algún que otro golpe por parte de ella lo debilitarían cada vez
mas. Para colmo la presencia de su Némesis complicaba todo demasiado. Fue
cuando decidió tomarse un tiempo. Para enfrentar a sus demonios. Organizar sus
ideas y sentimientos. Y tomar una decisión.
Primero, lo primero.
Enfrentar sus miedos. Segundo, organizar sus sentimientos. Y tercero, rezar
para que ocurriera un milagro. Pero el nunca fue uno de los favoritos de dios. Así
que todo dependería de si mismo. Porque ella no lo ayudaría, aunque de cierto
modo si lo hizo. Por segunda vez, la casualidad los decidió a los 2 al mismo
tiempo.
“Yo se que vos querías
un tiempo para pensar, pero yo ya se lo que quiero, llámame”. En ese momento
fue cuando todo se aclaro por fin. La única razón por la que el debía seguir
peleando era ella. Porque la quiere mucho. Porque la necesita al punto extremo
de que sin ella se siente vacío. De que todo lo que entendía era que ella era
su todo. Y que como el la amaba, nadie lo haría. Y eso fue más que suficiente.
Para que ella lo llevara a su hermoso cielo. Para que el sea el hombre más
feliz del mundo. Para que todo sea perfecto. Para que los dos dieran el próximo
pasó. Ese que el una vez dio en falso. Ese que ella no se animaba a dar. Porque
ahora era todo tan limpio y tan hermoso. Que no tenían nada que perder. Que el
partido había terminado. Y ambos habían ganado. Y entonces fue cuando el “te
amo” se dejo escuchar. Se dejo de hacer rogar. Y transporto a los dos hacia su
propio cielo. Donde eran solamente ello dos. Ellos dos, nadie más. Ellos dos,
para cuidarse. Para hacer funcionar al amor. Para que el mundo, el universo les
quede pequeño. Para que el sepa que el esfuerzo valió la pena. Para que ella
entienda y se deje amar. Pero sobre todo, muy por sobre todo, para amarse sin
ninguna restricción.
Cachi moreno.
10 de mayo de 2010. Para Sabrina
Villarreal. (Te amo!)
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