Supongamos que uno se queda despierto, en esas largas noches. En las que se queda pensando en todo lo que puede uno pensar. En absolutamente todo. En las cosas buenas y malas de la vida. En el amor. En el futuro. En el pasado. La vida, la muerte. Y llega al punto de que se ríe de la filosofía. Uno comienza a buscar respuestas a esas preguntas que nunca antes hubiera respondido. Comienza a preguntar sobre sus miedos. Lo que es peor, lo que da más miedo, es que encuentra esas respuestas. Dentro de si mismo. Donde estuvieron siempre. Sobre las cosas que uno hizo. Sobre las que puede llegar a hacer. Si lo que hizo estuvo bien, si estuvo mal. ¿Por qué lo hizo? Porque el rumbo de la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Porque las cosas son así. El tiempo es nuestro peor enemigo. Un año es muy poco tiempo. Un segundo es demasiado. Porque así como empezó, puede terminar. Pero eso, depende más de uno mismo que del destino.
Porque cuando uno entiende eso, entiende todo lo demás. Por lo menos así lo pienso yo. Ya que creo que mi filosofía de vida es muy pobre y estúpida. Pero a mi me sirve para levantarme cada día. Para intentar llegar a la noche. Para que me acueste y me duerma tranquilo. Tal vez, sienta un poco de remordimiento. Porque por mas que uno lo quiera, no puede con todo. Siempre tiene que sacrificar algo. Pero de eso se trata. Uno no puede andar por la vida arrepintiéndose. No puede andar tirado en los rincones pensado en lo que hizo mal. No puede. Al menos si quiere ser un persona correcta. Por la simple razón de que uno debe aprender de sus errores. Porque ellos te lastiman. Y después te sanan. Los errores no te hacen crecer. Te hacen entender una cosa. Tres en realidad. Primero, uno se la tiene que aguantar. Tiene que aguantar todo lo malo. Tiene que saber bajar la cabeza. Y eso implica no rendirse nunca. Por más imposible que parezca. Uno no puede aflojar. Tiene que aguantar hasta el final. Aunque ya no puedas más.
Segundo, tiene que aprender a vivir sin arrepentirse. Porque no hay mal que por bien no venga. Créanme, cuando la vida te cierra una puerta, te abre otra. Tercero y último, lo que no mata, te fortalece.
Tal ves parezca algo contradictorio, pero veo las cosas de distintas formas. Tal ves por un lado critico, y por otro le tiro rosas. Pero esto me sirve para entender la existencia. Porque si me pongo a pensar, mi destino no esta escrito. El de nadie. Que nos haya pasado algo malo, son solo cosas de ese enemigo que se llama destino. Porque nosotros escribimos el nuestro. En el día a día. No somos juguetes del destino ni de nadie más. Luchamos nuestras propias peleas.
Sin saber que nos podría pasar si ganamos o si perdemos. Pero lo hacemos porque debemos. Porque si quisiera me daría por vencido. Pero con eso no vamos a llegar a ningún lado. Por eso, simplemente por eso, uno no puede darse por vencido. Tenemos que salir y enfrentar al destino. Decirle cara a cara, yo existo. Yo puedo cambiarte. No me vas a mortificar por las cosas que me pasaron. Si caigo, me levanto. Y me niego totalmente a perder. Porque si rindiera, seria como que nunca escribiera mi destino. Lo dejaría inconcluso.
Vive, existe. Disfruta todo lo que puedas. Porque la vida es hermosa. Y las cosas malas son solo eso, cosas malas. Son solo un trago amargo. Las cosas buenas, de la que la vida esta llena, vivirán para siempre. Dentro nuestro. Muy dentro nuestro. Ahí, en los rincones mas profundos de nuestras almas. Ayudándonos a enfrentar nuestro destino.
Estaba buscando un monologo para mi próxima clase de teatro y me encontré con estas palabras tan simples, tan claras y tan ciertas...lograste darle una lógica muy sencilla a la vida, al día a día...se me piantaron varios lagrimones...tus palabras me vinieron cómo anillo al dedo en un momento de mi vida en el que me replanteo ciertas cuestiones, elecciones, en el que las cosas malas me hacen olvidar de todas las cosas y personas hermosas que me rodean...simplemente gracias por compartir tu reflexión!!!!
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